Cambios que te hacen pensar, personas que se marchan, otras que vuelven...
A veces cuesta perdonar a alguien pero más duro es perdonarse uno mismo.
Ver cosas que hace un tiempo se te hacían un mundo, ahora son insignificantes y cosas que creías olvidadas florecen como mala hierba y te causan daño.
Personas con las que compartiste muchas vivencias, de repente se marchan por las circunstancias que sean, aceptas su decisión y de pronto se vuelven a colar en tu vida. Ahora pregúntate, ¿estás preparado para desenterrar tantos sentimientos? ¿Tantos recuerdos?
Llega un momento de tu vida que para responder esas preguntas y alguna más que a causa de ellas te pueden estar desestabilizando, es necesario sentarse con uno mismo y tener la charla más profunda y sincera que se pueda tener con nadie.
Hace un tiempo reapareció una persona en mi vida que en su día fue alguien muy especial pero que me hizo un daño enorme. Sin guardarle demasiado rencor, no puedo evitar que resuenen en mi cabeza esas palabras con las que destrozó nuestra amistad al hablar con ella.
Esa persona sé que se ha disculpado de corazón pero no puedo, aun no estoy preparada para levantar esos cimientos que en su momento mantuvieron un palacio.
He hablado muchas veces conmigo misma, ahora me toca volver a sentarme y solucionar lo que tengo en el pecho y en la cabeza que me duele tanto al hablar con ella.
Aradia.
