miércoles, 9 de octubre de 2013

¿Sueño o realidad?

No me gustan las tormentas para nada, me ponen bastante inquieta y para ser sincera, con algo de miedo.
Anoche no pude dormir, llovía como pocas veces había visto, se observaron rayos de un color blanco indescriptible y relámpagos con un estruendo de tal calibre que se escuchaba en todo el pueblo. Unos rayos que hacían que se iluminaran las nubes de forma increíble.. La cosa es que al sonar el despertador, por muy cansada que estuviera, comencé a arreglarme porque tenía que asistir a clase.

Después de una noche como esa, me imaginaba que el día que me esperaba sería parecido pero al salir a la calle, el cielo estaba de un azul cían intenso con unas pocas nubes muy blancas y bastante altas que no parecía que fueran a descargar. El asfalto junto a las aceras de la calle estaban llenas de charcos que reflejaban, al igual que un espejo, ese maravilloso color del cielo. Pero algo notaba raro en el ambiente, había algo distinto, quizás era el cansancio de no dormir.. No lo sé.
Solo sé que empecé el día con el pie izquierdo y que perdí el autobús, con lo cual, me tocó irme andando.
Al cabo de un rato caminando hacia el instituto algo pasó, sin saber por qué me quedé mirando un charco hasta que según me aproximé lo suficiente, salté con todas mis fuerzas encima de él. Pero no me mojé, para mi sorpresa, fue como un pasadizo a otro mundo, al menos no era en el que estamos acostumbrados a vivir.
Ese mundo era impresionante, temible a la vez que hermoso. El suelo era todo de nube, los dioses se peleaban con los mismos rayos que hicieron que no pudiera dormir, había pegasos agarrados con cuerdas de terciopelo a unos carros de marfil en los que éstos mismos se tiraban los rayos y hacían carreras, pilares de oro que formaban una verdadera ciudad, (no me lo podía creer, ¡era todo real!) y por lo que comprobé, había que pelearse con los ángeles para poder entrar en el cielo...

De repente, abrí los ojos, me encontraba tumbada en el sofá empapada en lo que creía sudor, ya que no era posible que fuera por las propias nubes.. Todavía no me había ido a acostar. Cuando me dispuse a meterme en la cama, comenzó a llover...


Aradia.